El fin de semana empezó el jueves, cuando ví todo lo que "tenía" que hacer decidí no dormir y resulté arreglando los pisos de la casa a las 3 am, que yo sé que esto no es normal, que la gente normal no hace esto... perdón pero ¿qué es ser normal/anormal? (la hipótesis sobre la que trabajo es que las anormalidades se miran en contexto), así que me siento mejor diciendo "yo sé que la gente cree que esto no es normal".
Eso no quiere decir que sea la mujer más ordenada y hacendosa del mundo, solo que a veces me da y no soporto ver más desorden, además, he descubierto que pienso con mayor claridad mientras estoy barriendo, trapeando, lavando ropa o arreglando la cocina a deshoras (Sheldom Cooper tiene razón), lo que me ha llevado a encontrar en las "labores del hogar" algo de placer y tranquilidad.
Viernes antes de las 7 am y ya estoy en la universidad, tengo que revisar lo que voy a hacer en clase pero me estoy durmiendo, así que salgo en busca de mi desayuno. Me gusta la universidad a esta hora y con este frío, una buen abrigo y es tan caminable, tan bonita.
Quiero dedicarme a disfrutar de esas cosas sencillas que había olvidado, quiero hacer mi vida más simple, eliminar falsas necesidades y re descubrir pequeños placeres.
En la noche es el concierto de Sargento García pero no he dormido nada y tal vez sea una irresponsabilidad, seguramente me ganaré algunos regaños por seguir abusando de mi cuerpo pero ¿porqué no?, empujarme un poco no puede estar tan mal.
A veces soy un poco débil, a veces le robo algo de cigarrillo a M. o a A. "solo para recordar que sabe muy maluco" -digo yo, esta vez lo recordé durante toda la noche gracias al sabor de un Mustang que entró en reversa, no solo fue el sabor y el ahogo, también los recuerdos (bonitos pero lejanos), de repente me siento en el filo de una Montaña con una vista increíble sobre Bogotá pero rodeada de cosas que te hacen pensar en lo absurdamente injusto que es el mundo, sentada en el pasto, llena de barro y seguramente alegando porque las cosas no se están haciendo bien. Nunca supe cómo carajos podríamos llegar a "hacer las cosas bien".
La manera en que me desvío escribiendo es una muestra de la dificultad para concentrarme hasta terminar algo.
Sargento García está a menos de dos metros, cantó a menos de dos metros de mí... que hijueputa momento tan bueno, no importa que ya ajuste casi 48 horas sin dormir y que encima tenga 2 peaks, n tintos, un expresso doble, un "rodeo", 7 cervezas y 6 guaros (nunca en la vida vuelvo a tomar un número primo de guaros), esta noche está siendo maravillosa y yo estoy siendo hijueputamente feliz.
De repente en medio de la emoción y algo de alcohol digo, "tengo que llamar a alguien". Sabía que había borrado su teléfono hace algunos meses confiando en que la memoria no me traicionaría, la memoria me traicionó y tenía guardado en algún lugar su teléfono, B. sabe de esa berraca maña mía de llamar a la gente cuando estoy enrumbada, no sé porque no me decomisa el celular, sólo se limita a preguntar "¿qué te dijo?"... no tengo ni idea.
Normalmente me cuesta trabajo entenderle a la gente por celular, es que no vocalizan, no MO-DU-LAN , ya no digo nada, me limito a cazar palabras, intentar interpolar un discurso y responder alguna cosa que no me comprometa, eso pasa cuando estoy en mis 5 sentidos.
Ahora imagínense esa conducta reforzada por ruido y alcohol, nada, no entiendo nada y termino diciendo alguna cosa como "solo es porque me acorde que existes" o dejando la llamada al aire... ya perdí la vergüenza.
1 comentario:
¿qué pasa cuando tomas un número primo de guaros?
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